Desde tiempos muy remotos existen diferentes formas para evadir la realidad circundante, o para encontrar formulas “mágicas adivinatorias”, contactos con el mundo de lo Superior o simplemente experimentar estados de “felicidad distintos. Leyendo las noticias me encontré con este mensaje que me pareció interesante compartir con  ustedes, sobre plantas que vemos a diario, y ni imaginamos puedan producir tales efectos. ¿Es bueno saberlo o era mejor ignorarlo?. Muchas veces los humanos vivimos en la permanente contradicción de decir algo para prevenir, que en realidad empuja a lo contrario, ya que estos mensajes “no hagas tal cosa”, lleva a investigar: en primer instancia que “es tal cosa” y segundo a cuestionar “¿ porqué no a “tal cosa”?. Cuando decimos “No a la droga” ¿ qué estamos trasmitiendo psicológica-mente,  sino lo contrario de lo que “supuesta-mente”  creemos decir? El inconsciente no registra el No, en él no hay negación sino denegación.

Cuidado con lo que creemos que decimos, con los mensajes que pensamos que estamos dando no sea que provoquemos exactamente el efecto contrario del que estamos esperando. A continuación les transcribo el artículo para que ustedes evalúen el mismo y me realicen sus comentarios.


Ipomea Violácea. Efecto. Ansiolítico y alucinógeno. Provoca somnolencia y una sensación de comunión con el entorno.

 

Plantas y flores silvestres que tienen efectos narcotizantes

Crecen en jardines y plazas de todo el país y se comen o se beben como infusión. La ley no prohíbe su cultivo ni su consumo, pero puede llegar a ser muy riesgoso.

Por Laura Ramírez

Ipomea Violácea. Efecto. Ansiolítico y alucinógeno. Provoca somnolencia y una sensación de comunión con el entorno.

Desde tiempos inmemoriales, el hombre utilizó plantas no sólo como alimento. Conocedor de los efectos narcóticos de muchas de ellas, fueron vehículo de sacerdotes, iniciados y chamanes para ampliar –o deformar– la percepción.

Muchas de esas plantas hoy forman parte de la vida cotidiana, están en plazas y jardines de todo el país y pueden provocar un viaje narcótico y legal. De norte a sur, abundan plantas y árboles que contienen sustancias psicoactivas, que estimulan o deprimen el sistema nervioso central, logrando perturbar la percepción, el estado de ánimo o la función motriz. Y una de ellas es la flor nacional, el ceibo, que en su corteza y en sus hojas contiene alcaloides que producen efectos sedantes y alucinógenos. “Fue una experiencia suave e intensa a la vez. La percepción de mi entorno se acrecentó y me sentía dentro de los sonidos que escuchaba” cuenta Pedro Rotera, que experimentó con esa y otras plantas, como la flor del floripondio, el cactus San Pedro y la ruda siria, en forma de infusión.

El licenciado Andrés Sanchez Bodas, especializado en adicciones y director de la Primera Escuela Argentina de Counseling, asegura que “es común estimularse con preparados derivados de plantas, aunque no es masivo: Se da sobre todo en adolescentes, que buscan evadir la realidad. El peligro es similar a cualquier otra droga por el hecho de la toxicidad y por ser alucinógenos”, afirmó.

El abogado penalista Alfredo Gascon explicó cómo la Justicia encuadra a estas plantas psicoactivas. “No hay un listado judicializado de las plantas. En los casos en que se intervino siempre fue por sustancias más conocidas, como marihuana o cocaína. Las plantas son legales y no hay impedimento judicial para tenerlas en el hogar o donde se quiera tener”, explicó.

La Ipomea violácea, es una planta trepadora con flores azules o púrpuras, de fácil crecimiento y que presenta riesgos. Tiene entre el 5 y el 10% de la potencia del LSD, sustancia alucinógena prohibida legalmente. Tomando su infusión, comienzan los síntomas de ansiedad y una sensación de comunión con el entorno. Los expertos coinciden en la importancia de no experimentar con productos de esta naturaleza, dado que sus efectos en el organismo no están debidamente analizados y pueden poner en riesgo la salud de quienes las consumen.

Para Sánchez Bodas, es necesario conocer sobre la existencia de estas plantas, principalmente, para los padres de hijos adolescentes. “Deben estar atentos porque quizás sus hijos estén consumiendo de la planta que tiene en su casa o la de algún vecino. El hecho de que estén a la vista y a disposición de cualquier lugar hace más fácil el consumo y el descontrol es posible”, advirtió con gesto de preocupación.

No se conoce la medida de la dosis exacta para provocar los efectos deseados sin poner en peligro la propia vida. La revista THC, especializada en la cultura cannábica, da cuenta de varios testimonios de usuarios de estas sustancias y relatan que se trata más que nada de una práctica experimental, para comprobar los efectos que provocan. Pero en muchos casos, todo terminó con un mal viaje.

Un consumo creciente:

Según la definición de la Organización Mundial de la Salud, “psicoactiva” no implica necesariamente que produce dependencia, al tiempo que no refiere al carácter ‘legal’ o ‘ilegal’ de la sustancia. En este sentido es que se puede decir que el alcohol es tan psicoactivo como la marihuana, el éxtasis, la cocaína, las anfetaminas u otras sustancias alucinógenas.

La mayoría de las plantas mencionadas tienen propiedades medicinales y son de uso psicoactivo, a partir de las prácticas populares, con una simbología y normativa específica de cada comunidad de origen. Su utilización sigue restringida a estas comunidades y a sus prácticas rituales. Pero cada vez más personas ajenas a estos grupos –en su mayoría jóvenes– han incursionado en su consumo, haciendo transcender su uso, pero con otras motivaciones y sometidas a diferentes regulaciones sociales. Hay una tendencia creciente en jóvenes de distintos países, incluso en el nuestro, aunque no existen cifras.

* Victoria Sánchez Antelo, Investigadora del Conicet.

http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0563/articulo.php?art=28308&ed=0563

 

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Filed under: CienciaInteresante

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